Era el día de San
Valentín y quedemos para ir todos a cenar. Yo me puse un vestido
negro corto con unos zapatos también negros. Estábamos en la puerta
del restaurante, pero a mi se me olvidó algo en mi casa.
-Narra Liam-
A Anna se le olvidó
algo en su casa. Le dije que si quería que la acompañara, pero me
dijo que no. David estaba abriendo la puerta del restaurante cuando
un terrible frenazo y un golpe muy fuerte hicieron que girara la
cabeza. Corrí con todas mis fuerzas hacia ella, estaba sangrando, y
el muy hijo de puta del conductor se dio a la fuga. ¡NO RESPIRA!
Yo: ¡¡¡ANNA POR
DIOS NO ME DEJES!!! -gritaba al cielo para obtener alguna respuesta.
Los chicos llamaron a una ambulancia, llegó, me subí con ella, no
quería dejarla sola. La llevaron a quirófano, no me dejaron pasar.
Dios como Anna muera no podré seguir viviendo... Las lágrimas no
dejaban de caer por mis mejillas. Los chicos intentaban consolarme,
pero era imposible. Juro por dios que como ella muera no descansaré
hasta encontrar a quien la atropelló y matarlo con mis propias
manos, lo juro. A las tres horas de estar allí...
Médico: Familiares
de Anna Martínez. -yo me levanté de inmediato, secando me las
lágrimas.
Yo: Soy su novio.
Médico: La señorita
Anna, a sobrevivido afortunadamente a la operación, pero a caído en
coma. -millones de lágrimas empezaron a caer sin desenfreno. Me tuve
que sentar. Sus padres llegaron en ese momento, porque no pude hablar
en tres horas, no podía parar de llorar y los llamé un poco antes
de que el médico apareciera. Juan se puso de cuclillas en frente de
mi.
Juan: Liam, ¿qué
ha pasado?
Yo: Ha sido culpa
mía, tenía que haberla acompañado, soy un gilipollas de mierda.
Juan: A ver, Liam,
tranquilo. Cuenta me. -su madre al escuchar al médico se arrodilló
en el suelo llorando-
Yo: La ha
atropellado un coche... a caído en coma, y todo por mi culpa. No
debí dejarla sola. -no podía parar de llorar. Si Anna muere, yo...
Uf... Yo me muero. El médico se fue. Antes de que se fuera le dijo a
Antonio que ya avisará cuando podemos pasar a ver la.
Juan: Liam, vete a
casa.
Yo: ¡No! No me
pienso mover de este puto hospital hasta que ella despierte. Así
tenga que pasar el resto de mi vida aquí. -a la hora o así el mismo
médico volvió a nosotros.-
Médico: Solo puede
pasar una persona a ver la. -Dios, no.-
Yo: Cristina entre
usted. -ella no se negó. Dios quiero besarla, quiero abrazarla,
quiero ver sus ojos, quiero escuchar su voz, su sonrisa, como me dice
te amo. La necesito. Pero Cristina es su madre, tiene más derecho
que yo... Pasé toda la noche en esa sala de espera. A las cinco y
media de la mañana no pude más y creo que me dormí.
Xxx: Liam. Liam,
despierta. -abrí de golpe los ojos-
Yo: ¡Que, que pasa!
¿Dónde está Anna?
Juan: Liam,
tranquilo. Ven. -fuimos a la cafetería del hospital y solo me bebí
un café. Eran las nueve y media de la mañana. Luego vuelvo a subir
y veo a Cristina sentada en una silla de la sala de espera. Me acerco
a ella.
Yo: ¿Cómo esta
Anna?
Cristina: Esta
dormida. Tiene algún que otro rasguño y la cabeza vendada, pero
nada más. Pasa, habitación 115. -busco esa habitación. Entro y veo
a Anna rodeada de cables por todos lados y conectada a algo que hace
un pitido, cada cierto tiempo. Me siento a su lado.
Yo: Princesa, soy
yo, Liam. Despierta, por favor. -una lágrima llego hasta la comisura
de mis labios. Me a cerco a ella y le beso los labios, una lágrima
cae sobre su piel.- Necesito escuchar tu voz. -le limpio mi lágrima
caída- Anna, despierta por favor. -le cojo la mano y se la beso- Te
necesito conmigo. -me retumbo en el incómodo sofá con su mano
enlazada con la mía. Pasan los días y Anna ni mejora, ni empeora...
directamente no da señales. Pasan semanas, incluso meses, ya lleva
cuatro meses en coma y yo no me he apartado de su lado. Solo he ido a
mi casa una vez al mes y contra mi voluntad.
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