jueves, 18 de abril de 2013

*Capítulo 33 de PRECIADA COINCIDENCIA*

Era el día de San Valentín y quedemos para ir todos a cenar. Yo me puse un vestido negro corto con unos zapatos también negros. Estábamos en la puerta del restaurante, pero a mi se me olvidó algo en mi casa.
-Narra Liam-
A Anna se le olvidó algo en su casa. Le dije que si quería que la acompañara, pero me dijo que no. David estaba abriendo la puerta del restaurante cuando un terrible frenazo y un golpe muy fuerte hicieron que girara la cabeza. Corrí con todas mis fuerzas hacia ella, estaba sangrando, y el muy hijo de puta del conductor se dio a la fuga. ¡NO RESPIRA!
Yo: ¡¡¡ANNA POR DIOS NO ME DEJES!!! -gritaba al cielo para obtener alguna respuesta. Los chicos llamaron a una ambulancia, llegó, me subí con ella, no quería dejarla sola. La llevaron a quirófano, no me dejaron pasar. Dios como Anna muera no podré seguir viviendo... Las lágrimas no dejaban de caer por mis mejillas. Los chicos intentaban consolarme, pero era imposible. Juro por dios que como ella muera no descansaré hasta encontrar a quien la atropelló y matarlo con mis propias manos, lo juro. A las tres horas de estar allí...
Médico: Familiares de Anna Martínez. -yo me levanté de inmediato, secando me las lágrimas.
Yo: Soy su novio.
Médico: La señorita Anna, a sobrevivido afortunadamente a la operación, pero a caído en coma. -millones de lágrimas empezaron a caer sin desenfreno. Me tuve que sentar. Sus padres llegaron en ese momento, porque no pude hablar en tres horas, no podía parar de llorar y los llamé un poco antes de que el médico apareciera. Juan se puso de cuclillas en frente de mi.
Juan: Liam, ¿qué ha pasado?
Yo: Ha sido culpa mía, tenía que haberla acompañado, soy un gilipollas de mierda.
Juan: A ver, Liam, tranquilo. Cuenta me. -su madre al escuchar al médico se arrodilló en el suelo llorando-
Yo: La ha atropellado un coche... a caído en coma, y todo por mi culpa. No debí dejarla sola. -no podía parar de llorar. Si Anna muere, yo... Uf... Yo me muero. El médico se fue. Antes de que se fuera le dijo a Antonio que ya avisará cuando podemos pasar a ver la.
Juan: Liam, vete a casa.
Yo: ¡No! No me pienso mover de este puto hospital hasta que ella despierte. Así tenga que pasar el resto de mi vida aquí. -a la hora o así el mismo médico volvió a nosotros.-
Médico: Solo puede pasar una persona a ver la. -Dios, no.-
Yo: Cristina entre usted. -ella no se negó. Dios quiero besarla, quiero abrazarla, quiero ver sus ojos, quiero escuchar su voz, su sonrisa, como me dice te amo. La necesito. Pero Cristina es su madre, tiene más derecho que yo... Pasé toda la noche en esa sala de espera. A las cinco y media de la mañana no pude más y creo que me dormí.
Xxx: Liam. Liam, despierta. -abrí de golpe los ojos-
Yo: ¡Que, que pasa! ¿Dónde está Anna?
Juan: Liam, tranquilo. Ven. -fuimos a la cafetería del hospital y solo me bebí un café. Eran las nueve y media de la mañana. Luego vuelvo a subir y veo a Cristina sentada en una silla de la sala de espera. Me acerco a ella.
Yo: ¿Cómo esta Anna?
Cristina: Esta dormida. Tiene algún que otro rasguño y la cabeza vendada, pero nada más. Pasa, habitación 115. -busco esa habitación. Entro y veo a Anna rodeada de cables por todos lados y conectada a algo que hace un pitido, cada cierto tiempo. Me siento a su lado.
Yo: Princesa, soy yo, Liam. Despierta, por favor. -una lágrima llego hasta la comisura de mis labios. Me a cerco a ella y le beso los labios, una lágrima cae sobre su piel.- Necesito escuchar tu voz. -le limpio mi lágrima caída- Anna, despierta por favor. -le cojo la mano y se la beso- Te necesito conmigo. -me retumbo en el incómodo sofá con su mano enlazada con la mía. Pasan los días y Anna ni mejora, ni empeora... directamente no da señales. Pasan semanas, incluso meses, ya lleva cuatro meses en coma y yo no me he apartado de su lado. Solo he ido a mi casa una vez al mes y contra mi voluntad.